domingo, 14 de septiembre de 2014

QUIZASÍ Y QUIZANO: PRIMAVERA. Sainete cómico

QUIZASÍ Y QUIZANO: PRIMAVERA


 (QUIZASÍ en una habitación, comiendo.  

 QUIZANO con maletas sentado en el banco de 


una estación. Al fondo, una puerta con letrero, 

es el W.C. de la estación.

 Quizasí desde un pc. y Quizano con móvil y cascos)

QUIZASÍ.       ¡Eooooooo!
QUIZANO      ?(Sacando una pequeña pancarta con el símbolo de interrogación)        
QUIZASÍ.       ¿Estás vivo, QUIZANO?
QUIZANO.     Sigo vivo, pero ni idea de quién eres…
QUIZASÍ.       Soy yo, QUIZASÍ…
QUIZANO.     ?(vuelve as sacar la interrogación)

QUIZASÍ.        El profe de diseño, ¿recuerdas?
QUIZANO.     Ah,  maricón, no caigo. A ver, sigue, dame detalles…
 QUIZASÍ.      El que pone nombre a las gatas…

QUIZANO.     Aaaaah, ¿eres tú? ¡QUIZASÍ!
QUIZASÍ.       El mismo.
QUIZANO.     Hálaaa ¿En serio?
QUIZASÍ.       ¡Siií! ¿Qué haces?
QUIZANO.     Mira que eres capullo
QUIZASÍ.       ¡Jajajaja!

QUIZANO.     Perdí tu número, porque volví a estar sin móvil desde el octubre pasado. Se me cayó en el retrete. Tardé tres meses en comprarme otro con chat. ¿Y qué te has hecho, que no te conoce ni tu madre?
QUIZASÍ.       Un tintazo, ná más que eso. El resto está todo igual.
QUIZANO.     No, que también te has rapado. Has pasado de melena-rala-alternativa a mari-rapada.

QUIZASÍ.        Sí, rapado del todo. Ya te digo, es más cómodo así.
QUIZANO.     Yo me he pasado 20 años mari-

rapada, y ahora que quiero pelo, ¡ya no tengo! Una pena.
QUIZASÍ.       Ajammm…
QUIZANO.     ¡Tábatha, te necesito!
QUIZASÍ.       ¿Me necesitas? ¿Y eso?
QUIZANO.     Estoy en la estación de autobuses. Si te pasas se agradecerá. Aunque solo estaré hasta las 9...

QUIZASÍ.       ¿Y qué haces allá?

QUIZANO.     Anda, vente un rato… (mimoso) capullo… Y me restriegas el paquete por la cara.
QUIZASÍ.       Las hormonas y su indescifrable decanato. Ellas rigen la hirsutez de nuestros cuerpos. No puedo ir ahora a la estación…

QUIZANO.    ¡Anda!...Una hora exactamente me queda... Estoy depilado.

QUIZASÍ.       Huyyyyy, y rasparás y todo, ¡y más de un día para otro! 

QUIZANO.     Me operaron de dos hernias (ombligo e inguinal) el 31 marzo en la Cruz Rosa, aquí, en la ciudad. Todavía no me ha crecido vello lo suficiente.

QUIZASÍ.       Lo siento, qué fuerte… ¿Y eso? ¿Del ejercicio?
QUIZANO.     La agrandé terriblemente, con mi buen hacer gimnástico. Ahora, después de 2 meses en absoluto reposo, tengo las carnes flojas.
QUIZASÍ.       Debe doler. Pero, dime: ¿vas de regreso al pueblo?¿Cómo has escapado de tu montaña mágica? ¿Venías a ver a algún macho dominatriz?

QUIZANO.     Acabo de llegar en tren desde la capital.

QUIZASÍ.       ¡Ahmmm la capital! De recorrer tugurios de hombres abisales, hum.

QUIZANO.     ¡Calla, qué cerdos!…Qué rabos gordos y duros en la penumbra.

QUIZASÍ.       Seguro, como manojos de jureles.

QUIZANO.     ¡Cierto!, el viernes dos señores rociaron mi lampiño cuerpo con su semilla.
QUIZASÍ.       Tu ritual de primavera. Estarías en tu fluido natural, como una diosa.

QUIZANO.      ¡Vente a la fiesta bear!

QUIZASÍ.        ¿Hay una fiesta bear? ¿Dónde?¿Cuándo? Yo solo voy si hay orgía.
 QUIZANO.     Villabear.com…Yo sí que  iré, ya he pagado (Le envía el folleto de la fiesta)




QUIZASÍ.         ¡Pero si es en tu pueblo! ¡Qué modernas!¿Cuándo es el festival osezno?
QUIZANO.      Regarde-le sur le lien que je viens de t'emvoyer.

QUIZASÍ.        Me gusta cuando me susurras on Français.
QUIZANO.     155€ tout y compris.

QUIZASÍ.        Creo que ya estaré libre en las fechas.

QUIZANO.      Hotel y todo por ese precio (Pausa intrigante) ¡Mira qué elemento me he comprado por 30€!



QUIZASÍ.       ¡Oh, ya sé lo que es....!

QUIZANO.     Ahhhh...

QUIZASÍ.       Ooohhhhhh...

QUIZANO.     Ni mota de polvo en mi vida.

QUIZASÍ.       Quell merveille! (QUIZANO muestra por el whatssap una  foto con tres aspiradoras, cada una de una clase y color).
QUIZANO.     ¡Y las tres son mías!

QUIZASÍ.        Comment s'appelle?

QUIZANO.     Hoover Elite.

QUIZASÍ.       ¿Esa es la amarilla?

QUIZANO.     La azul claro. Es la nueva niña. La amarilla es la Hoover Dial-a- Matic de 1968.

QUIZASÓÍ.    Preciosísima.

QUIZANO.     Pronto la olvidaré en mi cementerio de aspiradoras.
QUIZASÍ.       Bueno, piensa que alguna vez alguien montará un espectáculo radical con tus aspiradoras. Hombres danzando desnudos al son de los movimientos de las máquinas sobre el parqué. ¿Y la azul profundo?

QUIZANO.      ¿La azul profundo?  Panasonic (Nueva foto, esta vez de la serie Embrujada) ¡Samantha (Elisabeth Montgomery) con la Dial-a-matic en la serie Embrujada!




QUIZASÍ.       Genial, Samantha. Representa mi más tierna infancia…

QUIZANO.     Nada de parquet, moqueta-moqueta…

QUIZASÍ.       Eso, moqueta.

QUIZANO.     Lo moderno siempre es la moqueta, lo moderno tiene pelo.

QUIZASÍ.       ¡Viva la modernidad hirsuta!

QUIZANO.     Suelo con pelo...

QUIZASÍ.       Paredes con pelo...

QUIZANO.     Claaaaaro...

QUIZASÍ.       Mobiliario velludo...

QUIZANO.     Como en la nave espacial de Barbarella (Pausa) Tengo ganas de evacuar…

QUIZASÍ.        Pues ya sabes, al lado de la cafetería…

QUIZANO.      (Con fastidio) Sí, claro, con la mochila, y la aspiradora decapitada en dos bolsas…¡Pero mear sí que puedo!…

QUIZASÍ.        Cabe todo, lo suyo es jugar con el espacio... ¡Ten cuidado con el móvil!

QUIZANO.      Ay, lo mío me ha costado… (Va al W.C., entra con dificultad con las bolsas. Se oyen los sonidos propios del water closed. Apertura de tapa, ruido del cinturón al caer, chorrito de pís, el agua de la cisterna ruidosa, etc. Al cabo, sale QUIZANO, que se sienta en el banco y advierte algo tras la cuarta pared) Oh-oh…Maricones en la bus terminal. Grrrr…Tengo uno que se acaba de sentar justo enfrente…
QUIZASÍ.       ¿Y cómo es él?
QUIZANO.     Musculoso y de desagradables ojos azules.

QUIZASÍ.       ¿Te ha visto salir de los retretes?

QUIZANO.     Estoy en un banco sentado. Está frente a mí, a unos 3 metros…

QUIZASÍ.       Algo querrá, algo querrá... ufff, qué ganas de follar me dan a la cena (Tocándose).

QUIZANO.     Pues yo, llevo semanas con nulas ganas. Mi culito está cerrado a cal y canto, ¡y así seguirá!

QUIZASÍ.       Ohhh. ¡Tu culito es tan bonito! ¡Es una penita pena.

QUIZANO.     Me he vuelto maricón asexual. Indiferente e impasible a miembros viriles ajenos.

QUIZASÍ.       Con lo bien que se llevaba mi miembro con él.

QUIZANO.     Cierto es.

QUIZASÍ.       Y lo bien que se compenetraban.

QUIZANO.     Qué hermoso es tu pene: Lo siento aún rozando mis prietas y velludas nalgas...

QUIZASÍ.       Ya, es deleitoso follar contigo.

QUIZANO.     ...Hasta que, de repente, como quien no quiere la cosa, tu verga se abre paso sin dificultad hacia el fondo de mi gruta del placer….¡Oh! ¡No, no, noooooo, tengo pensamientos impuros y podría echar por alto mi estatus de chico virgen y asexual! ¡Y eso sí que no!

QUIZASÍ.       ¡Cuánto polloncerío desperdiciao!, ¡ay!
QUIZANO.     ¡A ver!, viviendo perdido entre montañas, uno o se adapta o se vuelve loca. (QUIZANO, envía una foto de una clásica niña  mala de la TV. En nuestro caso, es Nelly Oleson).




QUIZASÍ.       NELLY!!!! La más mala de todas. ¡¡¡Love her!!!
QUIZANO.     Sí, mala jaaja. ¡Fantástica Nelly!

QUIZASÍ.       ¡Qué buenos recuerdos!

QUIZANO.     Así hemos salido todos de maricones, jaaja...

QUIZASÍ.       ¡Claro! ¡Porque así ha de ser!
QUIZANO.     Todos queríamos a Nelly en el fondo. ¡Y qué repelente, la Laura!...

QUIZASÍ.       Marcó un antes y un después de las malas de la tele.

QUIZANO.     Laura y Mary eran empalagosas. Era toda la familia un asco. (QUIZANO envía una foto de un papi vaquero del Viejo Oeste, en este caso, de Víctor French) Mmmh. ¿Qué te parece? Era amigo de Mikaela Landon en la serie.



QUIZASÍ.       ¡¡¡Victor French!!! Qué morbazo tenía…

QUIZANO.     Mmmmmm,  ¿morbazo?, yo que Laura, ¡me dejaba violar! Siempre fue mi ilusión de pequeño, ¡que un rudo vaquero barbudo o bigotón me follara vivo!




QUIZASÍ.       ¡Qué precocidad, Quizano! ¡Si alguien te leyera! 

QUIZANO.     ¿Y qué? Además, él no fue el primero. El primero fue el Hermano Malasombra, el del bigote fino, ése, el de los Chiripitifláuticos. (Envía la imagen).




QUIZASÍ.       Jó. Yo los detestaba, me daba más morbo el loco romano con el león… ¿cómo se llamaba...?
QUIZANO.     Era lo más parecido a una leatherona que yo podía imaginar…siempre he sido un niño pervertido.

QUIZASÍ.       Lo sé lo sé… (QUIZASÍ le envía la imagen de Filetto Capocomico con Leocadio Augustus Tremebundus) ¡Filetto Capocomico! con Leocadio Augustus Tremebundus… su león de peluche . No me digas, que no es pa comérselo…hmmmm...




QUIZANO.    Amo los bigotones desde infante. 

QUIZASÍ.       Me too. Mi primer polvo fue un señor con bigote. En una cruz de mayo, en Granada. Muchos años después me lo encontré  en una orgía. Le dije entonces que él había sido mi primer  amor. Se cortó un montonazo y se fue corriendo de allí... Qué extraño. Habían pasado casi 30 años, pero se conservaba idéntico, solo que canoso. ¡¡¡Y con el mismo bigote!!! Apenas nos escribimos unas cartas y nos vimos tres o cuatro veces, pero aún conservo aquellas misivas de amor escritas a mano, con su letra tan pulcra y redondita. Me quedé un poco consternado, en la fiesta. Tuve muy poco tacto. Se lo dije delante de unos cuantos orgiantes, previamente al acto, mientras se iban desnudando: <<¡Ramón!, ¡eres Ramón!, ¡mi primer amor...!>>

QUIZANO.    Ayyy, ¡qué bonitooo! 

QUIZASÍ.      Me miró, se puso nerviosísimo, cogió la ropa y se fue. ¡Ay, lo que me entró por el cuerpo! Quizano, ¿nunca te  ha ocurrido nada parecido?

QUIZANO.    Curiosamente,  otro Ramón (éste de mi edad y de hiper-velludas piernas también) fue  mi primer amor. Por cierto, lo veo mucho últimamente... Pero ni lo miro ni me mira, del ascazo que me da, el tío.
QUIZASÍ.       Todas se llaman Ramón.
QUIZANO.     Sí…
QUIZASÍ.       Y de tu pueblo…¡Qué pena!, si viviéseis en la Metrópoli, quizás os miraríais de otra forma!
QUIZANO.    Puede, yo soy una mari muy desenvuelta para ser de pueblo...
QUIZASÍ.      ¿Sigue con su bigote?

QUIZANO.    No, mi Ramón carecía de mostacho, solo tenía vello en las piernas. 

QUIZASÍ.     Ah, sí, ya me dijiste, y...¿Qué hicísteis la primera vez? Éste me la intentó colar sin éxito. Comió de mi falo y bebió mi esperma. La primera que probé fue la suya, tenía el sabor del mar.
QUIZANO.   Yo se la mamé al mío durante un buen par de años. Básicamente eso. Hasta que me harté; soy de poca paciencia y borde en extremo cuando alguien lo merece. Vamos, una desagradable de tomo y lomo…

QUIZASÍ.     ¿Qué edad tenias? Yo 21.
QUIZANO.   Yo 18. La última vez que quedé con él sin hacer nada, fue... hará... unos 20 años.
QUIZASÍ.     ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Yqué tarde llegamos al sexo! 
QUIZANO.    ¡Siiií, qué tardeee! ¡Y qué tontos!
QUIZASÍ.      ¡Siiií, qué tontos!

QUIZANO.    ¡Qué tontos! Me hubiese gustado empezar mucho antes, con 15, ¡o incluso 12…!
QUIZASÍ.     ¡Y con alguien mayor y peludo!
QUIZANO.   Siiiií. Santitos que fuimos. Con lo bien que lo habríamos pasado de niños chupándosela al lumpen: obreros, chonis, albañiles policías…

QUIZASÍ.     Fuimos dominguitos-sabios que entregábamos nuestra virginidad al martirio, matándonos a comernos el coco.

QUIZANO.   ¡Tontos!…  Si no hubiese sido tan beato, yo hubiera ido con mi culito hidratado y muy dilatado para mi tierna edad, colmado de fluido viril. 
QUIZASÍ.     ¡Si te oyera un putinita!

QUIZANO. ¿Pederastia? Qué va. ¡Práctica ancestral mediterránea! Mira esos curas.



QUIZASÍ.     Sí... yo hubiera sido mucho más feliz cediendo a las miradas impúdicas de mis compañeros y levantando el paño de pureza de los crucifijos. Había un Cristo en la Iglesia de Fátima con pelo rubio y cuerpo atlético. Parecía dormido. El paño era de tela. Había días que mientras le rezaba soñaba que le arrancaba del tirón el trapo. 
Y polucionaba todas las mañanas sin darme cuenta; y mi madre, impertérrita, mudaba a diario las sábanas…Si no hubiese sido tan beato...
QUIZANO.   Y todo porque en las casas no se hablaba de eso.  Pero el caso es que yo era un niño con mucha necesidad de hombre-hombre; de una manaza fuerte y peluda, guiándome.
QUIZASÍ.    Yo me enamoré de un primo mío francés. Llegó adolescente, un verano. Era rubio, como el Cristo, y muy educado. Se llamaba Marc Henry; yo tendría unos 10 años, y él unos 20. Nos bañábamos juntos en la mar y nos mirábamos, extrañados. Me golpeaba el corazón bajo las olas.

QUIZANO.    Qué bonito. Un hombre para tus ojos de niño.
QUIZASÍ.      Sí. Por eso hay que incendiar todo templo que no sea consagrado a Venus.
QUIZANO.    Yo me enamoré de Rogelio: Un chulo de la edad de mi hermana que tenía en un altar. Pelo largo liso y bigote. Hace pocos años, volvía yo del Mercadona de comprar un Don Limpio y, por la acera de enfrente, veo un tío que me resulta super-atractivo...¡ Coño, Rogelio! Tanto y tanto lo miré, que al final me dijo adiós. Creo que me reconoció. Me sentí viva y contenta jajaja: Como una adolescente que lleva en su carpeta de gomas fotos de Pedro Marín (U otro cantante juvenil al uso).
QUIZASÍ.     Ese sí que sigue fantástico. El tiempo no pasa por él. Me da a mí que pactó con el diablo. Lo tengo agregado en mis redes. Qué hombre tan sicalíptico.
QUIZANO.  Yo era más de Pedro Mari Sánchez.  (Se oye el ruido del autobús) Huy, ahí viene el bus. Te dejo, que he de regar mis macetas.

QUIZASÍ.   ¡Anda y yo! Pasa buena noche, QUIZANO (Le envía la foto de Pedro Marín y sale).




QUIZANO. (Quizano le envía un vídeo. Sale de escena, se oye el autobús partir con la canción de fondo.  Es "Gigliola Cinquetti - No tengo edad (En español)" http://youtu.be/7r87MMSdNug).


https://www.youtube.com/watch?v=7r87MMSdNug



domingo, 31 de agosto de 2014

HYPNOS

Amapolas coronan la frente

De la noche de negro infinito.


Insomnio habitual cubre las paredes,


Y un ardor interno excavando


La tierra de los sueños sepultados.



                  ......................

 Los labios se levantan hoy febriles.


Sus montes susurran REBELIÓN 


Ante la soberanía de cualquier  palabra.




sábado, 30 de agosto de 2014

SEPTIEMBRE

  • Septiembre embellece Málaga. Las nubes pintan batallas épicas sobre el mar. Colores increíbles empastan un cielo que ya le gustaría a Kandinski.

  • Atardeceres inmensos en la playa, envían señales, a veces bajo la forma de un
    náufrago esqueleto . Empiezan a irse el calor y el turisteo quinquilleante
  • Las sirenas tornan sus baladas con  liras de coral sobre las rocas, y las vampiras de Jess Franco pasean sus maxifaldas negras por las vereditas de Gibralfaro.                                                                                                                      
    A Málaga hay que venir en Septiembre. Ni agosto, ni julio, ni junio, ni mayo...

viernes, 8 de agosto de 2014

NÉMESIS. Diálogo.


(Dos mujeres, entre treinta y cuarenta años, cosiendo en el taller de la Ópera. Un maniquí tras ellas, en la penumbra. CARMEN se vuelve y mira al maniquí, interrumpe la costura y habla...)

CARMEN.
Otro refrán de mi madre: <<Dios castiga y no a palos>>

LEYLA.
¿Y eso, Carmen?

CARMEN.
Es como decir que el tiempo lo pone todo en su sitio. A los que nos han hecho daño, o a nosotros, cuando hacemos el mal. De una forma u otra, tarde o temprano, pagamos nuestras culpas (Pausa).

LEYLA.
Némesis.

CARMEN.
¿Qué?

LEYLA.
Un segundo (Deja la costura y busca en su tablet hasta  dar con la información). Los griegos la llamaron Némesis o Adrastea. Justicia implacable.

CARMEN.
¿Qué es eso?

LEYLA.
Un diccionario de símbolos (Leyendo en la tablet) <<Sobre la Rueda del Eterno Retorno, Némesis sobrevuela el Mundo. Llegará un día en que el mal que hicimos retornará a nosotros para saldar su cuenta>>.

CARMEN.
Némesis… Así sea, vengas de donde sea, y en la forma que vengas, junto al merecido castigo...

LEYLA.
Carmen...


CARMEN.
(Como saliendo de un sueño) ¿Qué?...
                               
LEYLA.
¿Por qué ese comentario? ¿A quién ha castigado Némesis?

CARMEN.
Es largo de contar...

LEYLA.
¿Qué es lo que te pasa? (Carmen la mira fijamente)

CARMEN.
¿Sabes? No es alegría. Duele. Es un pensamiento amargo, obsesivo, como una piedra en el zapato... Cuando alguien se siente acosado por un enemigo, desea su mal. No hay otra emoción que la venganza. 
Sueñas vengarte. 
Y los sueños… (Muy turbada) Estoy convencida de que son más reales de lo que alcanza nuestra imaginación.

LEYLA.
(Mirando al maquiní) En las tragedias, los dioses mandan sueños de mal agüero a los pecadores, y epidemias y muerte envueltas en flechas envenenadas.

CARMEN.
Tú crees en los mitos, Leyla. Pero no. 
No son los dioses. 
Somos nosotros, nosotros, con nuestros deseos, con nuestro rencor. Sin saberlo, destapamos a veces las trampillas del Infierno. Hay noches en las que, cuando me acuesto, me invade un escalofrío si imagino hasta dónde pueden llegar mis visiones (Pausa) 
Una de las personas más influyentes en mi vida de estos diez últimos años, se está muriendo. Mi gran enemiga.

LEYLA:
¿Quién?

CARMEN.
Me enteré el otro día por Nuria, que hizo una fiesta para conmemorar su estreno, esa obra en la que hemos colaborado los técnicos de la Ópera. Pues bien, yo sabía que esta persona había intervenido también en el proyecto, así que le dije a nuestra amiga que <<me resultaría muy violento el coincidir con la susodicha en la fiesta>>. Y en esto, Nuria se me queda mirando muy seria, y me suelta que no, que esta persona no irá, porque, literalmente: <<Se la está comiendo un cáncer>>

LEYLA.
¡Qué fuerte (Dejando la costura). Por desgracia  no es la única que muere de éso hoy día. El cáncer es una auténtica plaga. Da miedo.

CARMEN.
Sí, ya le ha invadido el pecho y la garganta...

LEYLA.
Ah...

CARMEN.
Por lo visto, está totalmente calva.Ya no trabaja. También me enteré de que su novio, Israel, la abandonó el mes pasado (Pausa). ¿Quieres que te cuente mi teoría?

LEYLA.
Dime.

CARMEN.
Es... como si yo tuviese un doble, un "otro yo" que vive y actúa a través del sueño...

LEYLA.
¿Y? ¿Qué tiene éso que ver con la venganza?

CARMEN.
¿Con la <<venganza>>?

LEYLA.
Sí,   lo has dicho. <<Venganza>>. Me tienes asustada.¿Te has vengado en sueños de tu <<amiga>> ?

CARMEN.
Pudiera ser, si lo que voy a contarte ahora tuviese algún viso de credibilidad (Pausa. Carmen enciende un cigarro). Hará unos nueve o diez años, fui a parar al taller del Teatro Clásico. Por aquél entonces vestíamos a las mejores compañías de dentro y fuera del país. Entré directamente por bolsa. Fue un año duro, aunque excitante. Lo que no podía ni imaginar era que allí estaría ella.

LEYLA.
Ya me hago una idea de quién me hablas...

CARMEN.
Magda. La jefa de vestuario.

LEYLA.
¡Lo sabía! Entonces, ¿coincidísteis?

CARMEN.
Las dos éramos responsables de la indumentaria del teatro. Dos jefas de vestuario, ¡imagina qué locura! Una de las dos sobraba. Así que, ya la conoces, empezó a tenderme la red nada más llegar.

LEYLA.
Su fama la precede. Sí; he oído historias muy raras de ella...

CARMEN.
Al principio todo parecía ir bien en el trabajo, si no fuera porque empezaron a ocurrir cosas extrañas. A veces desaparecía una burra llena de trajes que luego había que arreglar de urgencia, o se extraviaba un zapato de un figurante, o un corbatín en un cambio de escena...

LEYLA.
¿Crees que era ella quien escondía la ropa?

CARMEN.
No es que lo crea. Tengo las pruebas. Me escondía camisas recién planchadas, o aparecían las prendas arrugadas detrás de un armario.
Una vez descosió el volante de la actriz principal que yo vestía para que se cayese en plena actuación.

LEYLA.
¿Y se cayó?

 CARMEN
Salió en los periódicos. Imagina...

LEYLA.
Uf.

CARMEN.
Parece increíble, pero pasa. Estas cosas pasan. Aunque dn el 99% no sean demostrables. Magda tenía mil maneras de desautorizar mi trabajo y hacerme quedar como una imbécil delante de mis compañeros. 
Diariamente, una mortificación tras otra. Y lo que es peor: disponía de un grupito de <<colaboradores>>; se los ganaba a base de promesas, tertulias, cenas y copas. Así resultaba más fácil trastocar la verdad.

LEYLA.
Pero ese rencor…¿de dónde venía? ¿Temía que le hicieses sombra?

CARMEN.
Todo tiene su explicación. Nos conocíamos de mucho tiempo atrás, de cuando éramos jóvenes. Las dos teníamos la misma devoción por la costura.

LEYLA.
¿Y entonces, ¿ por qué acabó odiándote?

CARMEN.
Está mal que yo lo diga. Pero todo ha sido causa de la envidia... ¿No me crees?

LEYLA.
(Abriendo los ojos) ¡Oh! No, no, ¡te creo!, te creo… Yo también la he padecido. Me separé de Juan por lo mismo. Tenía envidia de que fuese independiente, de que tuviese ideas propias, de que ganase mi propio dinero, envidia de mis amigos… Un hombre muy celoso…Al final he llegado a la conclusión de que, simplemente, envidiaba lo que soy.

CARMEN.
Desgraciadamente, es una emoción demasiado común.

LEYLA
Yo diría que muy generalizada. Quetida Carmen: vivimos en el país de la envidia.

CARMEN.
Fuimos juntas a la escuela de Diseño. Al contrario que yo, Magda sabía trabajarse perfectamente a los profesores. Incluso llegó a hacerse amiga del director. No tuvimos ningún roce serio, hasta que, a final de carrera, confeccionamos el vestuario de El hospital de los locos, de Valdivielso, yéndonos de gira con la obra. Bien...hubo algún problema con las dietas que nos daban a los alumnos. No estaba claro a dónde iba a parar el dinero. El caso es que algunos protestaron, y a mí me identificaron con el <<bando de los malos>>…. ya me entiendes.

LEYLA.
¿En serio? Tú, que no te casas con nadie...

CARMEN.
Me importaba un cuerno el dinero, pero serví de paño de lágrimas a los que querían poner las cuentas boca arriba, solo eso. Ella estaba encargada de la tesorería, y desde entonces, me hizo la cruz. (Pausa, como si le costase trabajo hablar) Pasó el tiempo...Durante años apenas supimos nada la una de la otra. Pero cuando entré en la plantilla del Clásico, nada más poner el pie, enseguida noté en su mirada un brillo de resentimiento. Así la conserva mi memoria, con su gesto característico: sonrisa ratonil y ojos brillantes, como dos ranuras luminosas... como dos cuchillos afilados...


LEYLA.
¿Tan grande había sido el problema con el director?

CARMEN.
No creo que hubiera sexo entre ellos, el director era gay…. ¿Te referías a eso?

LEYLA.
No, jajajajaj...¡Dichosas lentejuelas! ¡Esta Medea nos va a llevar toda la noche!

CARMEN.
¡Pedazo de bruja! (Ríen) ¿A ver? Déjame a mí...sí, déjame. Esta parte del cuello es la más complicada, ¿ves? Así (Miran un momento el traje). La verdad es que Roberto se ha lucido esta vez.

LEYLA.
Es un diseño espectacular. ¿Has visto el Deus ex Machina?

CARMEN.
¿El qué?

LEYLA.
La carroza de dragones en la que sube al cielo Medea, al final.

CARMEN.
Ah. Impresionante, sí. Pero lo mejor es el vestuario, sin duda.

LEYLA.
Tienes razón, aunque, sin tu mano, el diseño de Roberto no sería lo mismo.

CARMEN
Gracias. Pues yo admiro tus conocimientos. También quería decírtelo. A veces me da la impresión de estar delante de alguien ilustre, y no de las que habitualmente  asoman por los palcos.

LEYLA.
Jajaja... No solo vengo aquí a coser. La verdad es que no me pierdo ni uno de los estrenos, y después completo la información con mi tablet. Jajaja. También leo a diario, ¿sabes?...¡libros! En mi casa siempre hemos sido muy leídos.  Y también... que sepas que estás delante de una licenciada filóloga.

CARMEN.
¿En serio? No lo sabía.


LEYLA.
Sí, pero nunca he ejercido. La vida, ya ves, es una caja de sorpresas. Me casé de penalti y tras el divorcio tuve que sacar a mi prole adelante. O la aguja o limpiar escaleras.

CARMEN
Yo solo sé de costura. Te admiro. ¡Eres una modistilla ilustrada...! (Ríen)

LEYLA.
Siempre y cuando las niñas me dejan tiempo. Me encantan las historias, pero sobre todo, sus imágenes.
CARMEN.
Sí. Las imágenes encierran una vida oculta (Dejando de coser). Ya está.

LEYLA.
Eres increíble. Yo hubiese tardado el triple.

CARMEN.
Solo falta un repaso, y listo.

LEYLA.
Me estabas contando lo del lío de Magda con el director de la Escuela.

CARMEN.
Ah, sí...

LEYLA.
Decías que el director te tomó ojeriza...

CARMEN.
No creo. Para mí, que el director olvidó el episodio rápidamente, pero ella no. Ella era de otro pellejo, y me guardó la jugada... Su ego la corroía por dentro.

LEYLA.
¡El ego! El pan nuestro de cada día. A menudo lo he pensado. Yo creo que hay dos clases de ego: uno que juega, que concita al arte, a la curiosidad, a la comunicación... y otro ego que es producto del miedo y la falta de confianza en una. Ese es el <<ego malo>>. Es como un demonio, te posee y te incita a matar...

CARMEN.
El demonio de Magda.

LEYLA.
Sí, el del mundillo del arte en general, y del teatro en particular.


CARMEN.
Un mundillo muy pequeño...

LEYLA.
Sí...(Pausa, cosen).

CARMEN.
No lo hizo sola. La ayudó todo su equipo. Y los que no participaron en el acoso, lo contemplaron desde el patio, como una puesta en escena donde se despelleja a un animal, como si no fuese con ellos. Si te contara que de los cincuenta que formábamos la plantilla, solamente dos me defendieron en público... Al resto, le vino al pairo. Otros se vieron obligados a elegir...ya sabes, <<o conmigo o contra mí>>

LEYLA.
Y se supone que vivimos en un mundo de libertad, humano y civilizado...

CARMEN.
Se supone… pero no. A la hora de competir, todo vale.

LEYLA.
Muchas veces creo que preferimos vivir engañados. La gente no quiere líos... Es lo más fácil. Puedes ver a una persona tirada en la calle, que nadie se parará a ayudarla, lo he visto con mis ojos.

CARMEN.
Magda quería poner en mi puesto a su novio Israel. El mismo que la acaba de abandonar. Iba detrás mío en la bolsa. Menuda pieza.

LEYLA.
Dios los cría…

CARMEN.
Sí, cuando se enamoró de él empezó a tirar de todas las fuerzas que tenía en su mano para echarme. Yo me resistí, pero estaba destrozada por dentro. Personas que antes me saludaban cordialmente, ni me miraban ya a la cara. La situación fue empeorando hasta hacerse insoportable.
Un día, al salir de un estreno, alguien me puso la zancadilla bajando las escaleras del vestíbulo. Íbamos en tropel, ni siquiera pude ver quién lo hizo; ni yo, ni ninguno de los que bajábamos. Fue espantoso. Me rompí la rodilla, y tuve que quedarme en cama tres meses. Aguanté y aguanté la baja; primero, por fractura de menisco, después, por depresión. Estuve casi un año inactiva... hasta que se me presentó la oportunidad.

LEYLA.
Lo siento mucho (La mira, ya que se ha emocionado). Pero eso ya ha pasado….Nunca he visto una tía tan guapa, ni tan centrada.

CARMEN.
Te aseguro que estuve a punto de suicidarme. Lo intenté varias veces, pero tenía miedo. Una noche cogí un tarro de Rivotril. Estuve dudando si bebérmelo durante un tiempo que me pareció una eternidad. Por la mañana amanecí vestida sobre la cama, con el tarro aún en la mano. Un ángel bajó, seguro, hasta allí, durante aquella noche interminable.

LEYLA.
Gracias a ese ángel, tú y yo nos conocimos…

CARMEN.
Recuerdo que otra de tantas noches de delirio iba en un taxi. Tenía las ventanas negras. Yo iba hacia el antro más oscuro, a sucumbir en la noche, dispuesta a todo, a emborracharme, a ahogarme, a sepultarme en el lodo… La radio estaba puesta. Entonces sonó una canción. El caso es que aquella melodía resonó como un océano en mi interior. Me recordó a la Carmen que yo era antes, a la que le gusta tanto la vida. Me di cuenta, de repente, de que aquel taxi era el ataúd que yo había elegido para morir, y le dije al taxista que por favor, se diese la vuelta, que me devolviera a casa. Al salir de aquel coche, respiré profundamente. Respiré tan fuerte como nunca creo haberlo hecho. Miré al cielo. Ahí estaba al lucero, brillante, en el cielo, alto, guiándome en medio la oscuridad... (Leyla le coge la mano). Al día siguiente, me enteré de que se había abierto una bolsa, y que podía pedir traslado al Teatro de la Ópera; así que fui a mi médico, solicité la incorporación inmediata y tiré los antidepresivos al inodoro. Tomé esta plaza, y como eran aún las vacaciones de verano, me fui de viaje: Berlín, Tánger, Lisboa... La vida empezó de nuevo. Fue muy duro reiniciar todo: cambiar de casa, de ciudad, de amistades... Las heridas iban cerrando lentamente…. pero aquí estoy. Luego... llegasteis tú y las niñas...

LEYLA.
Y desde entonces no has dejado de sorprenderme, querida mía.

CARMEN.
Aquí nadie me atosiga...

LEYLA.
No solo éso. Te quieren, te respetan y admiran tu trabajo (Cosen).

CARMEN.
¡El trabajo!... Era la vida entera para mí. Qué estúpida. Ahora ya es solo una parte… Afortunadamente, somos algo más profundo que toda esa mierda material.

LEYLA.
Seguro que Magda habrá tenido noticias tuyas. Le debe haber sentado muy mal que te vaya tan bien ¿Sabes? La mayor venganza contra tu enemigo no es su destrucción, sino tus triunfos. Y tú has triunfado, Carmen. Todos te adoran.

CARMEN.
Pero no, Leyla... he hecho algo mal. En mi desesperación, cuando me sentía acorralada, maldije, pedí al Infierno que la destruyera. Cada noche me acostaba deseándole la peor de las muertes. Cada noche soñaba que viajaba hacia un lugar sin nombre donde... creo que algo, o alguien me oyó desde el otro confín del Universo.

LEYLA.
¿Esa es tu teoría? Yo soy muy escéptica. Somos producto de nuestros actos y el azar. Nada más. No busques explicaciones raras a lo que ha ocurrido con Magda. Todo ha terminado. Tu misión es olvidar (Dando la última puntada). Bueno, esto ya está listo, campeona.

CARMEN.
Vamos a ver… (Despliegan el vestido que cosían y lo colocan sobre el maniquí).

LEYLA.
Es fantástico, como todo lo que haces (Silencio. Es un traje de mujer con una serpiente de lentejuelas cuyos dientes se clavan en el cuello). ¡Oh! Tengo que irme, ya son las nueve, ¡cómo pasa el tiempo! Y me esperan las leonas para que les dé de cenar (Recoge y se va, pero antes la besa).

CARMEN.
Necesito ir despacio, ¿sabes? Tengo miedo todavía....

LEYLA:
Lo sé. Descansa un poco, querida. Recuerda: no tienes que demostrar nada a nadie...y sobre todo, olvida. Olvida... (Le da otro beso. Sale) ¡Hasta mañana!

CARMEN.
¡Dales un beso a las niñas de mi parte! (Pausa. Mira el traje y le arregla la parte del pecho con una alfiler. Se queda mirando al maniquí, como si tuviese vida, y comienza a hablarle) Sí, Magda, todo vuelve, ¿verdad? (Carmen se da la vuelta, para recoger su bolso, pero no ha hecho más que empezar cuando se vuelve repentinamente hacia el maniquí) Todavía sueño que, si me concentro profundamente, te destruyo a tí y a alguna que otra hiena. Todavía pienso que la maldad es un boomerang que golpea más fuerte a la vuelta. Todavía creo en la justicia, y que los que han abusado de su poder serán castigados. Todos los días tengo un pensamiento de destrucción para tí, sí, para tí, y ese pensamiento… se organiza en el Universo, encadenando a la suerte, conduciendo tu vida, tus actos, hasta precipitarte en la mierda. Si los ángeles se han vuelto malos, fue por tu causa. Sí, Magda. Pónle mi nombre a tus desgracias. La bondad se agota en el corazón herido. Es un error no destruir del todo un pecho ultrajado. Se vuelve negro y asesino, y su sed de revancha, infinita. Quiero que sepas que todo ésto es posible; que el pensamiento mata; que la maldad, tarde o temprano, paga; que el Universo es pequeño, y que ahora... soy increíblemente fuerte (Carmen alza los brazos, como en un acto de brujería)¡Serpentea, serpiente!, ¡y paga!, ¡arrastra tu culpa! Solo dos segundos, y ya mis voces corren por el aire, vuelan hasta tu pecho, infectando las leyes de la lógica y empapando tu ser con mi veneno.
¡Que así sea, por todos los demonios!

(Carmen se derrumba. Llora amargamente, a medida que suena la canción. Se va oscureciendo la escena, menos el vestido. Finalmente, poco a poco, se va apagando la luz).