viernes, 8 de agosto de 2014

NÉMESIS. Diálogo.


(Dos mujeres, entre treinta y cuarenta años, cosiendo en el taller de la Ópera. Un maniquí tras ellas, en la penumbra. CARMEN se vuelve y mira al maniquí, interrumpe la costura y habla...)

CARMEN.
Otro refrán de mi madre: <<Dios castiga y no a palos>>

LEYLA.
¿Y eso, Carmen?

CARMEN.
Es como decir que el tiempo lo pone todo en su sitio. A los que nos han hecho daño, o a nosotros, cuando hacemos el mal. De una forma u otra, tarde o temprano, pagamos nuestras culpas (Pausa).

LEYLA.
Némesis.

CARMEN.
¿Qué?

LEYLA.
Un segundo (Deja la costura y busca en su tablet hasta  dar con la información). Los griegos la llamaron Némesis o Adrastea. Justicia implacable.

CARMEN.
¿Qué es eso?

LEYLA.
Un diccionario de símbolos (Leyendo en la tablet) <<Sobre la Rueda del Eterno Retorno, Némesis sobrevuela el Mundo. Llegará un día en que el mal que hicimos retornará a nosotros para saldar su cuenta>>.

CARMEN.
Némesis… Así sea, vengas de donde sea, y en la forma que vengas, junto al merecido castigo...

LEYLA.
Carmen...


CARMEN.
(Como saliendo de un sueño) ¿Qué?...
                               
LEYLA.
¿Por qué ese comentario? ¿A quién ha castigado Némesis?

CARMEN.
Es largo de contar...

LEYLA.
¿Qué es lo que te pasa? (Carmen la mira fijamente)

CARMEN.
¿Sabes? No es alegría. Duele. Es un pensamiento amargo, obsesivo, como una piedra en el zapato... Cuando alguien se siente acosado por un enemigo, desea su mal. No hay otra emoción que la venganza. 
Sueñas vengarte. 
Y los sueños… (Muy turbada) Estoy convencida de que son más reales de lo que alcanza nuestra imaginación.

LEYLA.
(Mirando al maquiní) En las tragedias, los dioses mandan sueños de mal agüero a los pecadores, y epidemias y muerte envueltas en flechas envenenadas.

CARMEN.
Tú crees en los mitos, Leyla. Pero no. 
No son los dioses. 
Somos nosotros, nosotros, con nuestros deseos, con nuestro rencor. Sin saberlo, destapamos a veces las trampillas del Infierno. Hay noches en las que, cuando me acuesto, me invade un escalofrío si imagino hasta dónde pueden llegar mis visiones (Pausa) 
Una de las personas más influyentes en mi vida de estos diez últimos años, se está muriendo. Mi gran enemiga.

LEYLA:
¿Quién?

CARMEN.
Me enteré el otro día por Nuria, que hizo una fiesta para conmemorar su estreno, esa obra en la que hemos colaborado los técnicos de la Ópera. Pues bien, yo sabía que esta persona había intervenido también en el proyecto, así que le dije a nuestra amiga que <<me resultaría muy violento el coincidir con la susodicha en la fiesta>>. Y en esto, Nuria se me queda mirando muy seria, y me suelta que no, que esta persona no irá, porque, literalmente: <<Se la está comiendo un cáncer>>

LEYLA.
¡Qué fuerte (Dejando la costura). Por desgracia  no es la única que muere de éso hoy día. El cáncer es una auténtica plaga. Da miedo.

CARMEN.
Sí, ya le ha invadido el pecho y la garganta...

LEYLA.
Ah...

CARMEN.
Por lo visto, está totalmente calva.Ya no trabaja. También me enteré de que su novio, Israel, la abandonó el mes pasado (Pausa). ¿Quieres que te cuente mi teoría?

LEYLA.
Dime.

CARMEN.
Es... como si yo tuviese un doble, un "otro yo" que vive y actúa a través del sueño...

LEYLA.
¿Y? ¿Qué tiene éso que ver con la venganza?

CARMEN.
¿Con la <<venganza>>?

LEYLA.
Sí,   lo has dicho. <<Venganza>>. Me tienes asustada.¿Te has vengado en sueños de tu <<amiga>> ?

CARMEN.
Pudiera ser, si lo que voy a contarte ahora tuviese algún viso de credibilidad (Pausa. Carmen enciende un cigarro). Hará unos nueve o diez años, fui a parar al taller del Teatro Clásico. Por aquél entonces vestíamos a las mejores compañías de dentro y fuera del país. Entré directamente por bolsa. Fue un año duro, aunque excitante. Lo que no podía ni imaginar era que allí estaría ella.

LEYLA.
Ya me hago una idea de quién me hablas...

CARMEN.
Magda. La jefa de vestuario.

LEYLA.
¡Lo sabía! Entonces, ¿coincidísteis?

CARMEN.
Las dos éramos responsables de la indumentaria del teatro. Dos jefas de vestuario, ¡imagina qué locura! Una de las dos sobraba. Así que, ya la conoces, empezó a tenderme la red nada más llegar.

LEYLA.
Su fama la precede. Sí; he oído historias muy raras de ella...

CARMEN.
Al principio todo parecía ir bien en el trabajo, si no fuera porque empezaron a ocurrir cosas extrañas. A veces desaparecía una burra llena de trajes que luego había que arreglar de urgencia, o se extraviaba un zapato de un figurante, o un corbatín en un cambio de escena...

LEYLA.
¿Crees que era ella quien escondía la ropa?

CARMEN.
No es que lo crea. Tengo las pruebas. Me escondía camisas recién planchadas, o aparecían las prendas arrugadas detrás de un armario.
Una vez descosió el volante de la actriz principal que yo vestía para que se cayese en plena actuación.

LEYLA.
¿Y se cayó?

 CARMEN
Salió en los periódicos. Imagina...

LEYLA.
Uf.

CARMEN.
Parece increíble, pero pasa. Estas cosas pasan. Aunque dn el 99% no sean demostrables. Magda tenía mil maneras de desautorizar mi trabajo y hacerme quedar como una imbécil delante de mis compañeros. 
Diariamente, una mortificación tras otra. Y lo que es peor: disponía de un grupito de <<colaboradores>>; se los ganaba a base de promesas, tertulias, cenas y copas. Así resultaba más fácil trastocar la verdad.

LEYLA.
Pero ese rencor…¿de dónde venía? ¿Temía que le hicieses sombra?

CARMEN.
Todo tiene su explicación. Nos conocíamos de mucho tiempo atrás, de cuando éramos jóvenes. Las dos teníamos la misma devoción por la costura.

LEYLA.
¿Y entonces, ¿ por qué acabó odiándote?

CARMEN.
Está mal que yo lo diga. Pero todo ha sido causa de la envidia... ¿No me crees?

LEYLA.
(Abriendo los ojos) ¡Oh! No, no, ¡te creo!, te creo… Yo también la he padecido. Me separé de Juan por lo mismo. Tenía envidia de que fuese independiente, de que tuviese ideas propias, de que ganase mi propio dinero, envidia de mis amigos… Un hombre muy celoso…Al final he llegado a la conclusión de que, simplemente, envidiaba lo que soy.

CARMEN.
Desgraciadamente, es una emoción demasiado común.

LEYLA
Yo diría que muy generalizada. Quetida Carmen: vivimos en el país de la envidia.

CARMEN.
Fuimos juntas a la escuela de Diseño. Al contrario que yo, Magda sabía trabajarse perfectamente a los profesores. Incluso llegó a hacerse amiga del director. No tuvimos ningún roce serio, hasta que, a final de carrera, confeccionamos el vestuario de El hospital de los locos, de Valdivielso, yéndonos de gira con la obra. Bien...hubo algún problema con las dietas que nos daban a los alumnos. No estaba claro a dónde iba a parar el dinero. El caso es que algunos protestaron, y a mí me identificaron con el <<bando de los malos>>…. ya me entiendes.

LEYLA.
¿En serio? Tú, que no te casas con nadie...

CARMEN.
Me importaba un cuerno el dinero, pero serví de paño de lágrimas a los que querían poner las cuentas boca arriba, solo eso. Ella estaba encargada de la tesorería, y desde entonces, me hizo la cruz. (Pausa, como si le costase trabajo hablar) Pasó el tiempo...Durante años apenas supimos nada la una de la otra. Pero cuando entré en la plantilla del Clásico, nada más poner el pie, enseguida noté en su mirada un brillo de resentimiento. Así la conserva mi memoria, con su gesto característico: sonrisa ratonil y ojos brillantes, como dos ranuras luminosas... como dos cuchillos afilados...


LEYLA.
¿Tan grande había sido el problema con el director?

CARMEN.
No creo que hubiera sexo entre ellos, el director era gay…. ¿Te referías a eso?

LEYLA.
No, jajajajaj...¡Dichosas lentejuelas! ¡Esta Medea nos va a llevar toda la noche!

CARMEN.
¡Pedazo de bruja! (Ríen) ¿A ver? Déjame a mí...sí, déjame. Esta parte del cuello es la más complicada, ¿ves? Así (Miran un momento el traje). La verdad es que Roberto se ha lucido esta vez.

LEYLA.
Es un diseño espectacular. ¿Has visto el Deus ex Machina?

CARMEN.
¿El qué?

LEYLA.
La carroza de dragones en la que sube al cielo Medea, al final.

CARMEN.
Ah. Impresionante, sí. Pero lo mejor es el vestuario, sin duda.

LEYLA.
Tienes razón, aunque, sin tu mano, el diseño de Roberto no sería lo mismo.

CARMEN
Gracias. Pues yo admiro tus conocimientos. También quería decírtelo. A veces me da la impresión de estar delante de alguien ilustre, y no de las que habitualmente  asoman por los palcos.

LEYLA.
Jajaja... No solo vengo aquí a coser. La verdad es que no me pierdo ni uno de los estrenos, y después completo la información con mi tablet. Jajaja. También leo a diario, ¿sabes?...¡libros! En mi casa siempre hemos sido muy leídos.  Y también... que sepas que estás delante de una licenciada filóloga.

CARMEN.
¿En serio? No lo sabía.


LEYLA.
Sí, pero nunca he ejercido. La vida, ya ves, es una caja de sorpresas. Me casé de penalti y tras el divorcio tuve que sacar a mi prole adelante. O la aguja o limpiar escaleras.

CARMEN
Yo solo sé de costura. Te admiro. ¡Eres una modistilla ilustrada...! (Ríen)

LEYLA.
Siempre y cuando las niñas me dejan tiempo. Me encantan las historias, pero sobre todo, sus imágenes.
CARMEN.
Sí. Las imágenes encierran una vida oculta (Dejando de coser). Ya está.

LEYLA.
Eres increíble. Yo hubiese tardado el triple.

CARMEN.
Solo falta un repaso, y listo.

LEYLA.
Me estabas contando lo del lío de Magda con el director de la Escuela.

CARMEN.
Ah, sí...

LEYLA.
Decías que el director te tomó ojeriza...

CARMEN.
No creo. Para mí, que el director olvidó el episodio rápidamente, pero ella no. Ella era de otro pellejo, y me guardó la jugada... Su ego la corroía por dentro.

LEYLA.
¡El ego! El pan nuestro de cada día. A menudo lo he pensado. Yo creo que hay dos clases de ego: uno que juega, que concita al arte, a la curiosidad, a la comunicación... y otro ego que es producto del miedo y la falta de confianza en una. Ese es el <<ego malo>>. Es como un demonio, te posee y te incita a matar...

CARMEN.
El demonio de Magda.

LEYLA.
Sí, el del mundillo del arte en general, y del teatro en particular.


CARMEN.
Un mundillo muy pequeño...

LEYLA.
...(Pausa, cosen).

CARMEN.
No lo hizo sola. La ayudó todo su equipo. Y los que no participaron en el acoso, lo contemplaron desde el patio, como una puesta en escena donde se despelleja a un animal, como si no fuese con ellos. Si te contara que de los cincuenta que formábamos la plantilla, solamente dos me defendieron en público... Al resto, le vino al pairo. Otros se vieron obligados a elegir...ya sabes, <<o conmigo o contra mí>>

LEYLA.
Y se supone que vivimos en un mundo de libertad, humano y civilizado...

CARMEN.
Se supone… pero no. A la hora de competir, todo vale.

LEYLA.
Muchas veces creo que preferimos vivir engañados. La gente no quiere líos... Es lo más fácil. Puedes ver a una persona tirada en la calle, que nadie se parará a ayudarla, lo he visto con mis ojos.

CARMEN.
Magda quería poner en mi puesto a su novio Israel. El mismo que la acaba de abandonar. Iba detrás mío en la bolsa. Menuda pieza.

LEYLA.
Dios los cría…

CARMEN.
Sí, cuando se enamoró de él empezó a tirar de todas las fuerzas que tenía en su mano para echarme. Yo me resistí, pero estaba destrozada por dentro. Personas que antes me saludaban cordialmente, ni me miraban ya a la cara. La situación fue empeorando hasta hacerse insoportable.
Un día, al salir de un estreno, alguien me puso la zancadilla bajando las escaleras del vestíbulo. Íbamos en tropel, ni siquiera pude ver quién lo hizo; ni yo, ni ninguno de los que bajábamos. Fue espantoso. Me rompí la rodilla, y tuve que quedarme en cama tres meses. Aguanté y aguanté la baja; primero, por fractura de menisco, después, por depresión. Estuve casi un año inactiva... hasta que se me presentó la oportunidad.

LEYLA.
Lo siento mucho (La mira, ya que se ha emocionado). Pero eso ya ha pasado….Nunca he visto una tía tan guapa, ni tan centrada.

CARMEN.
Te aseguro que estuve a punto de suicidarme. Lo intenté varias veces, pero tenía miedo. Una noche cogí un tarro de Rivotril. Estuve dudando si bebérmelo durante un tiempo que me pareció una eternidad. Por la mañana amanecí vestida sobre la cama, con el tarro aún en la mano. Un ángel bajó, seguro, hasta allí, durante aquella noche interminable.

LEYLA.
Gracias a ese ángel, tú y yo nos conocimos…

CARMEN.
Recuerdo que otra de tantas noches de delirio iba en un taxi. Tenía las ventanas negras. Yo iba hacia el antro más oscuro, a sucumbir en la noche, dispuesta a todo, a emborracharme, a ahogarme, a sepultarme en el lodo… La radio estaba puesta. Entonces sonó una canción. El caso es que aquella melodía resonó como un océano en mi interior. Me recordó a la Carmen que yo era antes, a la que le gusta tanto la vida. Me di cuenta, de repente, de que aquel taxi era el ataúd que yo había elegido para morir, y le dije al taxista que por favor, se diese la vuelta, que me devolviera a casa. Al salir de aquel coche, respiré profundamente. Respiré tan fuerte como nunca creo haberlo hecho. Miré al cielo. Ahí estaba al lucero, brillante, en el cielo, alto, guiándome en medio la oscuridad... (Leyla le coge la mano). Al día siguiente, me enteré de que se había abierto una bolsa, y que podía pedir traslado al Teatro de la Ópera; así que fui a mi médico, solicité la incorporación inmediata y tiré los antidepresivos al inodoro. Tomé esta plaza, y como eran aún las vacaciones de verano, me fui de viaje: Berlín, Tánger, Lisboa... La vida empezó de nuevo. Fue muy duro reiniciar todo: cambiar de casa, de ciudad, de amistades... Las heridas iban cerrando lentamente…. pero aquí estoy. Luego... llegasteis tú y las niñas...

LEYLA.
Y desde entonces no has dejado de sorprenderme, querida mía.

CARMEN.
Aquí nadie me atosiga...

LEYLA.
No solo éso. Te quieren, te respetan y admiran tu trabajo (Cosen).

CARMEN.
¡El trabajo!... Era la vida entera para mí. Qué estúpida. Ahora ya es solo una parte… Afortunadamente, somos algo más profundo que toda esa mierda material.

LEYLA.
Seguro que Magda habrá tenido noticias tuyas. Le debe haber sentado muy mal que te vaya tan bien ¿Sabes? La mayor venganza contra tu enemigo no es su destrucción, sino tus triunfos. Y tú has triunfado, Carmen. Todos te adoran.

CARMEN.
Pero no, Leyla... he hecho algo mal. En mi desesperación, cuando me sentía acorralada, maldije, pedí al Infierno que la destruyera. Cada noche me acostaba deseándole la peor de las muertes. Cada noche soñaba que viajaba hacia un lugar sin nombre donde... creo que algo, o alguien me oyó desde el otro confín del Universo.

LEYLA.
¿Esa es tu teoría? Yo soy muy escéptica. Somos producto de nuestros actos y el azar. Nada más. No busques explicaciones raras a lo que ha ocurrido con Magda. Todo ha terminado. Tu misión es olvidar (Dando la última puntada). Bueno, esto ya está listo, campeona.

CARMEN.
Vamos a ver… (Despliegan el vestido que cosían y lo colocan sobre el maniquí).

LEYLA.
Es fantástico, como todo lo que haces (Silencio. Es un traje de mujer con una serpiente de lentejuelas cuyos dientes se clavan en el cuello). ¡Oh! Tengo que irme, ya son las nueve, ¡cómo pasa el tiempo! Y me esperan las leonas para que les dé de cenar (Recoge y se va, pero antes la besa).

CARMEN.
Necesito ir despacio, ¿sabes? Tengo miedo todavía....

LEYLA:
Lo sé. Descansa un poco, querida. Recuerda: no tienes que demostrar nada a nadie...y sobre todo, olvida. Olvida... (Le da otro beso. Sale) ¡Hasta mañana!

CARMEN.
¡Dales un beso a las niñas de mi parte! (Pausa. Mira el traje y le arregla la parte del pecho con una alfiler. Se queda mirando al maniquí, como si tuviese vida, y comienza a hablarle) Sí, Magda, todo vuelve, ¿verdad? (Carmen se da la vuelta, para recoger su bolso, pero no ha hecho más que empezar cuando se vuelve repentinamente hacia el maniquí) Todavía sueño que, si me concentro profundamente, te destruyo a tí y a alguna que otra hiena. Todavía pienso que la maldad es un boomerang que golpea más fuerte a la vuelta. Todavía creo en la justicia, y que los que han abusado de su poder serán castigados. Todos los días tengo un pensamiento de destrucción para tí, sí, para tí, y ese pensamiento… se organiza en el Universo, encadenando a la suerte, conduciendo tu vida, tus actos, hasta precipitarte en la mierda. Si los ángeles se han vuelto malos, fue por tu causa. Sí, Magda. Pónle mi nombre a tus desgracias. La bondad se agota en el corazón herido. Es un error no destruir del todo un pecho ultrajado. Se vuelve negro y asesino, y su sed de revancha, infinita. Quiero que sepas que todo ésto es posible; que el pensamiento mata; que la maldad, tarde o temprano, paga; que el Universo es pequeño, y que ahora... soy increíblemente fuerte (Carmen alza los brazos, como en un acto de brujería)¡Serpentea, serpiente!, ¡y paga!, ¡arrastra tu culpa! Solo dos segundos, y ya mis voces corren por el aire, vuelan hasta tu pecho, infectando las leyes de la lógica y empapando tu ser con mi veneno.
¡Que así sea, por todos los demonios!

(Carmen se derrumba. Llora amargamente, a medida que suena la canción. Se va oscureciendo la escena, menos el vestido. Finalmente, poco a poco, se va apagando la luz).



martes, 11 de febrero de 2014

LA SERPIENTE ANCESTRAL



I
CUNAS DE SANGRE






Tiamat y Marduk. Sello babilónico, s. IX-VIII A.C.
British Museum, Londres

El Apsu primordial y procreador
y la tumultuosa Tiamat, madre de todos,
mezclaban indistintamente las aguas,
cuando los despojos de los cañaverales no estaban amasados
y los canales no se podían ver,
cuando ningún dios había todavía aparecido
ni recibido nombre, ni sufrido destino..."
Enuma Elish, poema babilonio, siglos XIX-XVII a. C.

I.1
El vampiro: ontología de un arquetipo


Portada de Drácula, edición de 1898

La gran cuestión que se suscitó entonces fue averiguar si aquellos vampiros
resucitaron por propia virtud, por el poder de Dios o por el poder del diablo.
Voltaire, Diccionario filosófico, 1764



1. La Bestia del Apocalipsis, en el Beato de Liébana, Códice de Navarra, siglo XII, Bibliothèque Nationale de France

1.1. La serpiente ancestral
El monstruo en su origen, estaba en el centro, en el centro de la tierra y el cielo, allí donde brotan las aguas. Cuando el monstruo fue vencido por el héroe, su cuerpo desmembrado emigró y se recompuso en las cuatro esquinas del mundo. Luego rodeó el mundo con un círculo de escamas y de aguas. Era el margen complejo de todo. Era el marco. Que el marco era el lugar del monstruo lo seguían sabiendo los artífices de los marcos barrocos: mucho más intrincados, mucho más repletos, mucho más arcaicos que todos los idilios que contenían, y a los que, tal vez, un día, sofocarían. Luego llegó el momento en que se despreciaron los marcos. Los museos albergaron cuadros sin marcos, que parecían desnudos. El marco no es lo antiguo, sino lo remoto. Desaparecido el marco, el monstruo pierde su última morada. Y sigue vagando por todas partes.1
En la página de La Bestia del Apocalipsis, del Beato de Liébana (fig.1), percibimos cómo nunca un monstruo tuvo mejor marco que los beatos medievales. En sus imágenes jerárquicas y compartimentadas aún se podía, -según Calasso- sujetar a la Bestia, no así en este mundo contemporáneo donde la acotación parece diluirse y la Bestia anda libre. La imaginería de lo monstruoso es en muy gran parte deudora del arte medieval, a menudo socavado por el desconocimiento de su belleza. Poética definición de monstruo que confecciona el italiano en su narración-ensayo Las bodas de Cadmo y Harmonía, y que le sirve para crear una metáfora sobre el arte y la modernidad. Posiblemente Calasso diga la verdad, y la Bestia ande sin acotación, merodeante y suelta entre nosotros.
El monstruo es, desde los tiempos más remotos, la perfecta representación del miedo del hombre. Según Jung, heredamos su imagen a través de los arquetipos: <<Hemos de tener en cuenta el hecho de que, con frecuencia, en el sueño se producen elementos que no son individuales y que no pueden derivarse de la experiencia personal del soñante>>2. A estos elementos Freud los llamaba <<remanentes arcaicos>>, <<formas mentales cuya presencia no puede explicarse con nada de la propia vida del individuo y que parecen ser formas aborígenes, innatas y heredadas por la mente humana>>3. A estos <<remanentes>> definidos por Freud, Jung prefiere denominarlos <<arquetipos>>. Según él, al igual que el biólogo necesita de la ciencia de la anatomía comparada, la mente necesita una <<anatomía comparada de la psique>>, lo que le lleva a analizar las analogías entre los diferentes arquetipos.
Jung nos asegura que los arquetipos no son en absoluto mitos determinados, ni siquiera lo que entendemos por instintos. Los define como una tendencia. La psique tiende a <<formar tales representaciones de un motivo, representaciones que pueden variar muchísimo en detalle sin perder el modelo básico>>4. El autor dice que están en nuestra memoria genética de tal forma arraigados <<como el impulso de las aves a construir nidos, o el de las hormigas a formar colonias organizadas>>.

Aquí debo aclarar las relaciones entre instintos y arquetipos: lo que propiamente llamamos instintos son necesidades fisiológicas y son percibidas por los sentidos. Pero al mismo tiempo también se manifiestan en fantasías y con frecuencia revelan su presencia sólo por medio de imágenes simbólicas. Estas manifestaciones son las que yo llamo arquetipos. No tienen origen conocido; y se producen en cualquier tiempo o en cualquier parte del mundo, aun cuando haya que rechazar la transmisión por descendencia directa o <<fertilización cruzada>> mediante migración. (...) los arquetipos crean mitos, religiones y filosofías que incluyen y caracterizan a naciones enteras y a épocas de la historia.5

A continuación, el autor ejemplifica su discurso a través de uno de los arquetipos más conocidos y que aparecerá reiteradamente en nuestro ensayo: el del héroe enfrentado al monstruo. <<Un mito heroico universal, por ejemplo, siempre se refiere a un hombre poderoso o dios-hombre que vence al mal, encarnado en dragones, serpientes, monstruos, demonios y demás, y que libera a su pueblo de la destrucción y la muerte>>. Este mito adoptará, pues, variantes diferentes según el momento y circunstancias, pero nunca se desviarán de su patrón básico; por ejemplo: Apolo venciendo a la Pitón puede ser también San Miguel venciendo a Satán; o el protagonista de la película de Terry Gillian, Brazil (1986) luchando contra el gigantesco samurai.
Aunque la afirmación más turbadora viene a continuación:

Estos motivos interiores surgen de su origen profundo, que no está hecho por la consciencia ni está bajo su dominio. En la mitología de los tiempos primitivos estas potencias se llaman mana, o espíritus, demonios o dioses. Hoy día son tan activos como lo fueron siempre. Si se adaptan a nuestros deseos los llamamos inspiraciones felices o impulsos y nos congratulamos de ser tan ingeniosos. Si van en contra de nosotros, entonces decimos que es sólo mala suerte o que ciertas personas están en contra o que la causa de nuestras desgracias debe ser patológica. La única cosa que no queremos admitir es que dependemos de <<poderes>> que están fuera de nuestro dominio (...) El hombre contemporáneo paga el precio de una notable falta de introspección. Está ciego para el hecho de que, con todo su racionalismo y eficiencia, está poseído por <<poderes>> que están fuera de su dominio. No han desaparecido del todo sus dioses y demonios; solamente han adoptado nuevos nombres. Ellos se mantienen en el curso de su vida sin descanso, con vagas aprensiones, complicaciones psicológicas, insaciable sed de píldoras, alcohol, tabaco, comida y, sobre todo, un amplio despliegue de neurosis (...) El género humano es como una persona arrastrada por fuerzas inconscientes6.
Un movimiento artístico como el Surrealismo pronto se haría partícipe de las teorías de Freud y Jung. Sirva por ejemplo la obra de Dalí Shirley Temple, el más joven monstruo sagrado del cine de su tiempo (1939)(fig.2). Al <<Divino>> se debe gran parte de las imaginerías del psicoanálisis, que él enarboló como gran distintivo de su arte. Una monstruosa Shirley Temple, convertida en esfinge, otea el árido universo paranoide de una transmutada Figueras. De su faz supuestamente angelical nace un cuerpo felino de matiz rojo intenso. Una diadema vampírica la corona. A su alrededor, huesos y despojos humanos, y detrás, penosas figuras y el esqueleto de un barco. En el horizonte, a los pies de la blanda montaña, el pueblo costero reposa bajo la amenaza de ese cielo escarlata. Quizá premonición de la Segunda Guerra Mundial, ésta pintura supone una de las obras más iconoclastas de su autor. ¿Tal vez una segregación de ese mana primigenio que, según Jung, emerge desde las profundidades de nuestro inconsciente? Dalí ha escogido una serie de referentes macabros que entroncan con viejos arquetipos para significar su obra: esfinges, esqueletos, vampiros, barcos naufragados, toda una simbología cromática y concisa. Las formas nos desvelan un mundo de horror y pesadilla que convierten el rostro cándido de la estrella infantil de la década en un engendro demoníaco; el <<monstruo sagrado>>, -tal y como le es afín a la dialéctica surrealista-, convierte la metáfora escrita en su iconización literal: un monstruo ávido de carne y sangre humanas.

2. Shirley Temple, el más joven monstruo sagrado del cine de su tiempo, 1939, Salvador Dalí, Museum Boyman Van Benningen
En este ensayo, intentaremos dilucidar cuáles referentes icónicos están en el origen de esta clase de monstruos, de qué mana proviene la metamorfosis del vampiro, uno de los emblemas más representativos del pasado siglo XX; pero primero tenemos que hacer una distinción clasificatoria. Dentro de la fauna fantástica se vienen separando hace tiempo dos grandes bloques cuyo ámbito escinde el universo de lo monstruoso: la teratología y el monstruo mítico. A diferencia de la primera, -ciencia que estudia los fenómenos de la deformidad física de los seres vivos, ya sean hombres o animales-, el vampiro pertenecería al segundo apartado; esto es, el monstruo salido de la imaginación. Lo que no quiere decir que en el mundo real no existan determinados tipos de chupasangres; o bien que desde la teratología se hayan inspirado mitos del fantástico.
Esta bestia surge, pues, del Imaginario, del ente colectivo, de la región de los sueños y del sentir popular; así que no estará de más hacer una incursión en su mundo simbólico y discernir qué peculiaridad ostenta el vampiro dentro del bestiario fantástico, diferenciándolo del resto de sus congéneres. Comenzaremos primero buscando la definición de monstruo:
<<Un monstruo es una perversión en el orden que asegura la continuidad de las causas naturales, de la virtud, de la salud del pueblo, de la autoridad del Rey>>7, leemos en esta frase paradigmática de Jean Riolan, médico de la corte de la reina María de Médicis.



3. Monstruo de la Laguna de Tagua (s. XVIII),
Biblioteca Nacional de Madrid.


En la antología del símbolo encontraremos al <<monstruo>> en su genérica amplitud. Ya desde la infancia nos inculcaron el temor a estos seres y comenzamos a familiarizarnos con ellos, haciéndonos una idea de su potencial y sus formas. Todos tenemos más o menos clara la idea de lo que significan: bestias fantásticas, un símbolo de nuestros terrores cotidianos y también la expresión plástica de nuestras pesadillas. Todas las culturas tienen sus propios engendros, incluso dioses con forma y comportamiento de tales. Un determinado corpus monstruoso se une, pues, a cada civilización y a su expresión vital y artística, adecuándose a un determinado contexto histórico. Si hubiéramos de resumir en breves líneas el significado de lo monstruoso, nosotros escogeríamos aquellas que, por su meridiana síntesis nos proponen los autores Chevalier y Gheerbrandnt en su Diccionario de Símbolos(1982):



4. La bella durmiente, de Disney (1959).
                       El monstruo simboliza al guardián de un tesoro, como el tesoro de la inmortalidad, por ejemplo, es decir, el conjunto de dificultades a vencer para acceder por último a ese tesoro material, biológico o espiritual (...). En numerosos casos el monstruo no es efectivamente más que la imagen de un cierto yo, ese yo que conviene vencer para desarrollar un yo superior (...) Todas las vías de la riqueza, del conocimiento, de la salvación, de la inmortalidad están preservadas. No es posible apoderarse de ellas más que por un acto heroico. El monstruo pertenece también a la simbólica de los ritos de pasaje: devora al hombre viejo para que nazca el hombre nuevo. El mundo que guarda y al cual nos introduce no es el mundo exterior de los tesoros fabulosos, sino el mundo interior del espíritu, al que no se accede más que por una transformación interior. (...) el monstruo es símbolo de la resurrección8.

5. El Uroboros, Manuscrito griego, Biblioteca Nadorowa, París


Para Paul Diel, los monstruos simbolizan una función psíquica, la imaginación exaltada y errónea, fuente de los desórdenes y las desgracias; es una deformación enfermiza, un funcionamiento malsano de la fuerza vital: <<Aunque los monstruos representan una amenaza exterior, revelan también un peligro interior: son como las formas asquerosas de un deseo pervertido (...) generalmente surgen de la región subterránea, de las profundidades, de los antros sombríos>>9. En su tratado El miedo y la angustia(1956) 10, Diel nos sorprende cuando afirma que en nuestra vida nada tiene más sentido precisamente que la superación de esa inquietud fundamental: el vencer al monstruo, icono que resume el germen de toda nuestra angustia existencial.
En el terreno de la ficción es, según Gérard Lenne, la dualidad monstruo-miedo, la gran constante en el género fantástico. Al igual que siglos antes afirmase Jean Riolan, rubrica que monstruo <<es aquél que infringe las leyes de lo normal>>
Unos se apartan de las normas de la naturaleza, normas temporales o espaciales (supervivencia de la Momia – tamaño de King Kong), otros, de las normas sociales. Si el monstruo de Frankenstein es distinto por su fisonomía, su creador es distinto por sus ideas. Todo confluye, ciertamente, al nivel de la significación, en la medida que lo físico simboliza y materializa a lo moral11.


  1. Miscelánea de monstruos del cine: de izquierda a derecha y de arriba abajo: Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, La Momia, Drácula, Godzilla, una zombi, La Criatura de Frankenstein, Kink-Kong, Freddy Krugger, El Jorobado de Notre Dame, el asesino Michael Myers, La Mujer Pantera, El Muñeco Diabólico, y El Fantasma de la Ópera.
      Para Lenne, la monstruosidad en el género fantástico reposa sobre una oposición dicotómica:
Vida / muerte
Bien / mal
Instinto / razón
Antropomorfismo / bestialidad
Naturaleza / ciencia
Humano / mecánico
Conceptos aparejados que vienen a ser componentes; cada mito fantástico los redistribuirá y entrecruzará a su manera. Por ejemplo, la anormalidad podrá ser la vida en la muerte como la muerte en la vida (simetría Drácula-Frankestein), temas que nos sensibilizan profundamente puesto que, en ambos casos, se trata de tender hacia la vida: de retenerla o de acceder a ella12.
A partir de la <<vieja serpiente ancestral>> el bestiario de lo horrífico se ha ido multiplicando a lo largo de los siglos, creando nuevos vástagos hasta llegar a nuestros tiempos, en los que el cine, el cómic y la televisión se han convertido en fábricas especializadas en recrear sus formas (fig.6). Si nosotros como género humano somos el resultado final de un esfuerzo genético, deberíamos situar también a esta criatura fría, reptante, sin miembros, en el principio de la evolución. Expresión de la psique inferior, masculina y femenina a la vez, unida a la gélida y viscosa noche de los orígenes, en todos estos ejemplos, el monstruo primigenio se manifiesta como una fuerza cósmica, poderosa, análoga a las fuerzas diabólicas de la Biblia o a los titanes de la mitología clásica. La serpiente, o su homólogo el dragón, se hallan en el origen de casi todas las cosmogénesis, desde los mayas a la India, pasando por el África negra y Egipto, adorada entre los antiguos, demonizada en el cristianismo. Madre de Dionisos, Satán o los emperadores de China, su forma serpentina y sus fauces son el denominador común. Fauces que engullen o que se engullen a sí mismas. De la gran serpiente emana, pues, el todo conocido, por ello también es madre de bestias y monstruos.
El carácter <<devorador-simbólico>> es una constante icónica expresada en monstruos que engullen con poderosas mandíbulas, como vemos en el <<monstruo de la Laguna de Tagua>> (Fig.3), del siglo XVIII, y cuya imagen se dio a conocer en el año 2000, en una exposición sobre monstruos y seres imaginarios en la Biblioteca Nacional de Madrid. ¿Será, como asegura Jung, alguna imagen de nuestro yo oculto? Lo que más nos sorprende del grabado son, sin duda, el rostro humano, y la amplia hilera de colmillos. Muy frecuentemente hallaremos en la imaginería del monstruo esta combinatoria dual, antropomórfica y zoomórfica, de la que el vampiro también va a participar.
Igualmente, en el impagable Dragón de la cinta La bella durmiente, de Disney (1959) (fig.4), -indiscutible icono del siglo del XX y triunfo del diseño en la animación-, no sólo estamos ante un feliz divertimento para adultos y niños, sino ante la esencia genuina del monstruo en mayúsculas. El dragón, -aparte de ser poseedor del poder destructivo del fuego- es en este caso un ente ambiguo, una bruja (Maléfica), en la que el equipo Disney recalcó una femineidad dudosa. En ella resucita de nuevo el combate entre la vieja serpiente Tiamat y el héroe Marduk del poema babilonio Enuma Elish.13
Una de las representaciones primordiales de esta <<resurrección constante>> es encarnada en la imagen del dragón cósmico conocido como Uroboros, monstruo que se devora a sí mismo (fig.5). Símbolo de la unidad presente en todos los pueblos; ser andrógino primordial, devorador y devorado; emblema del inconsciente y de la psique originaria, del caos indiferenciado que precedió a la creación del Universo. En la imagen vemos una bella creación perteneciente a un manuscrito griego conservado en la Biblioteca Narodowa de París. El ser reptílico de piel escamosa de color rojo, seguramente se halla asociado a la simbología alquímica del sol, principio vital, momento en que la materia pasa del estado blanco (albedo), al rojo (rubedo) en el proceso de transformación.
Precisamente será con el apelativo de <<hijo del dragón>>, con el que Stoker nombrará al más insigne vástago de los no-muertos: Drácula. Ya fuere por una decisión azarosa o firmemente justificada, el hecho es que el autor de la novela de vampiros más popular de todos los tiempos asoció el linaje de la raza de los chupa-sangres con la imagen del dragón, haciendo lucir en el blasón del conde maldito la efigie del viejo monstruo.
1 CALASSO, Roberto, Las bodas de Cadmo y Harmonía, Ed. Anagrama, Barcelona, 1994, pp. 308-309
2 JUNG, Carl G, “El arquetipo en el simbolismo onírico”, en El hombre y sus símbolos, Biblioteca universal contemporánea, Barcelona, Caralt editor, 2002. pp. 64-65.
3 ibid, p.65
4 Ibid.,p. 66
5Ibid.,p. 66
6Ibid., pp. 79-80
7 RIOLAN, Jean, 1605, cit. en VV.AA, Monstruos y seres imaginarios en la Biblioteca Nacional, Bibl. Nacional, Madrid, p. 3
8 CHEVALIER, Jean y GHEERBRANDT, Alain, Diccionario de los símbolos, Ed Herder, Barcelona, 1995, pp. 721-722
9 ibid.
10 DIEL, Paul, El miedo y la angustia, Fondo de Cultura Económica, México, 1966
11 LENNE, Gérard, El cine <<fantástico>> y sus mitologías, Ed. Anagrama, Barcelona, 1974, p. 23
12 id. Pp.25-26

13 “Enuma elish la nabu shamanu...”; o: “Cuando en la altura los cielos aún no estaban nombrados...”, es el comienzo del poema épico más antiguo hallado en Mesopotamia, donde se relata la Cosmogénesis. La serpiente del mar Tiamat procrea el mundo junto a Apsu, dios de los ríos, dando lugar a las primeras generaciones de dioses, pero Apsu está molesto por la actividad de los nuevos dioses y quiere <<retornar al mundo del sueño>>, por lo que decide exterminarlos. Pero Anu, El Sabio, lo duerme y lo mata antes de que lleve a cabo su propósito, se instala en el Océano y engendra a Marduk. Encolerizada, Tiamat crea un ejército de mostruos: da a luz a serpientes, dragones, esfinges, leones gigantes, hombres escorpiones, centauros; en total, once especies de monstruos, al frente de los cuales coloca a un dios llamado Kingu, con el que se desposa y a los que concede los derechos divinos que antes tuvo Apsu. Los dioses se reúnen y Marduk decide enfrentar a Tiamat, a la que vence, dividiéndola en dos. Una mitad de Tiamat (las aguas primordiales) será el océano, la otra, serán las aguas del cielo. El Enuma Elish canta al principio un caos en expansión, simbolizado por la creación que Tiamat hace de seres monstruosos; a este caos se opone Marduk, que es el movimiento ordenado e inteligente. De la sangre del dios maldito Kingu, Marduk creará a los hombres.

martes, 28 de enero de 2014

El despertar del vampiro






IV.3
EL DESPERTAR DEL VAMPIRO







EPSTEIN, La caída de la Casa Usher, 1928


Esta luz es el espejo común de todos los pensamientos y todas las formas, preserva las imágenes de todo lo que ha sido, los reflejos de mundos pasados, y por analogía, los bocetos del mundo por venir.
La clave de los misterios. Eliphas Levi, 1859





1. Theda Bara

3.1. Un nuevo culto
El nuevo arte nació ya con su aureola de mito, con una zona radiante y otra oscura. La época del silent movie se cubre de negros velos; olvidada, horadada de pérdidas irremediables, de empolvados fantasmas, de historias inconfesables y estrellas al borde del acantilado. Se cubre tan enigmática como la primera mujer vampiro del cine, Theda Bara, cuya identidad y ascendencia aún hoy resultan dudosas.
Comenzó llamándose Teodosia Coppet en el teatro, para luego convertirse en Theda Bara (juego de palabras con los términos <<arab death>>, parece ser por sugerencia de los cerebros de la Fox)1. Theda Nunca interpretó al monstruo mítico que todos conocemos, pero sí supo rodearse de un resolutivo marketing, que lanzó su belleza plutoniana por carteles y pantallas. De todos sus filmes sólo nos queda uno, quizá insuficiente para conocer el carácter general de sus puestas en escena, - seguramente ingenuas-. Sí nos quedan esas fotos donde nos mira desafiante, semidesnuda y ataviada con los esqueletos de sus amantes muertos, remedo perfecto que alienta una ancestral tradición iconográfica de lamias y gorgonas (figs. 1, 2, 7).


2. Theda Bara


Mujer culta y amante de la buena vida, Theda se retiró muy pronto del cine con su marido, el director Charles Brabin, a su ostentosa mansión de Hollywood, cuando ya la fama de sus personajes le pasaba factura (fig.3). En esta imagen la vemos en el cartel promocional de la película Meeting Theda Bara, de 1918, con los cómicos Mutt and Jeff. Casi siempre, el agotamiento de un personaje en cine llevará a éste a la parodia, y ni el género de vampiros podría librarse de ello. La primera en descubrirlo fue la mismísima Theda Bara.

      3. FISHER, Bud, Meeting Theda Bara, Cartel promocional,1918


Safo, Cleopatra, Margarita Gautier, Carmen, Salomé, fueron algunos de los papeles que forjaron el mito de Theda, y pusieron la piedra angular de las futuras diosas del Lado Oscuro. Tras ella surgiría un tipo de actriz especializada en ese arquetipo de vamp que todos conocemos y tan querido para la industria, contrapuesto a las virginales trenzas de Mary Pickford y sus secuaces. Louise Brooks, Joan Crawford, Greta Garbo, Pola Negri, Ruan Lingyu, Barbara LaMarr, Gloria Swason, Marlene Dietrich, Nazimova… son algunas de las vamps de vidas azarosas que alcanzaron el triunfo y posterior caída en el recién nacido medio cinematográfico; mujeres marcadas por el signo de la fatalidad dentro y fuera de las pantallas.


4. De izquierda a derecha: Alla Nazimova, Pola Negri, Ruan Lingyu, Greta Garbo, Barbara Lamarr, y Gloria Swanson

Todas llevan algo de este prototipo primigenio, de esa primera edad de los sueños donde pesa más el mito que la historia, y el halo de la fama que la verdad. La mayoría de estas vamps del silent movie vivieron tan intensamente como las protagonistas de sus películas, rodeadas de un nimbo de promiscuidad y un modo de vida destructivos (fig.4).

El cine no hizo sino promocionar la imagen estetizante de esa femme fatale forjada durante el anterior siglo y transponerla al celuloide, pero alzándola a un pedestal cuadrado hecho de luz, la luz de las pantallas. Contrapuesta a su eterna rival, la huerfanita de las cándidas trenzas, Medusa volvía a reinventarse en el nuevo medio, en plena crisis colonial de un mundo cada vez más “deshumanizado” y cuya estructura algunos librepensadores y artistas pretendían reedificar desde los cimientos.

3.2. Musidora y Les vampires
En medio de la Gran Guerra, Feuillade había sido dado de baja por razones médicas, y sus técnicos estaban prestando servicio, por lo que se volcó a la filmación de un serial con actores de poca experiencia y en el marco de las calles de París (ante la imposibilidad de filmar en estudios). Les vampires (1915) son una organización criminal cuyo jefe, el Gran Vampiro, pone continuamente en apuros a las fuerzas del orden. El rodaje de Les vampires estuvo lleno de carencias, improvisaciones y sobresaltos, lo que se traslucirá en su impredecibilidad narrativa. Personajes desaparecían súbitamente y eran restituidos por otros; a veces porque algún actor debía regresar al frente, o, como le sucedió al que interpretaba al Gran Vampiro (Jean Ayme), llegó un día muy tarde al rodaje, hallándose con que su personaje había sido <<muerto>>. La forma de trabajar habitual era, pues, recurriendo a la improvisación, de ahí el continuo recital de trucos, giros dramáticos y efectos rudimentarios, pero cuyo visionado actual nos hace verlos llenos de encanto. A todo esto hay que agregar la presencia sugerente de Irma Vep (Musidora), voluptuosa e inmoral, personaje de culto para los frikis del séptimo arte.

                                                                          5. Feuillade, Los vampiros, 1915
Musidora era el pseudónimo de Jeanne Roques, la sicalíptica actriz que , atraída por el exotismo, viajó a España y se enamoró del matador Antonio Cañero. Filmó varias películas de temática taurina y fue pintada por Romero de Torres (fig. 8) antes de volver a Francia. En la imagen 5 no vemos a Musidora, sino a otra actriz interpretando a la danzarina Marta Koutiloff. Antológica es la aparición operística del vampiro2 batiendo sus alas en el escenario, recordándonos un cuadro de Penot, siendo de las primeras veces que en el cine aparece la identificación del vampiro con un murciélago humano. Salen por fin estos vampiros del mundo literario y se encarnan como imágenes sobredimensionadas en el nuevo arte del Cine, llevando el pavor a los corazones mortales. Estamos en los inicios de un nuevo arte, y más que de arte habría que hablar de un nuevo culto, en un momento en que el cine <<no pretende>> sino que <<crece>> y se expande, a la vez que su fascinación. Se extiende su misterio como un reguero oscuro, llegando a todos los rincones del planeta. Y eso es lo que son los seres del celuloide: efigies de un torvo gris gigante, genios salidos de un vaho, de una pirámide luminosa adornada por el clave del nikcelodeon, seductores fantasmas que buscan, como Dyonisos, o Drácula, acólitos de su nuevo culto. Y en este nuevo culto tendría un puesto de honor la imagen del Mal. Muy pronto, el vampiro abrirá su ataúd y contemplará su primer amanecer en la sala del cinematógrafo tras el sueño de los siglos.


7. Theda Bara



8. ROMERO DE TORRES, Julio, Musidora, 1920

1 DE GROAT, Greta. Unsung divas of the silent screen. 2001. [On line] http://www.stanford.edu/-gdegroat . Obtenido el 20 de octubre de 2005.

2 Especifiquemos que el vampiro de este episodio de la saga de Feuidalle es en el film un personaje de una representación teatral, no un vampiro sobrenatural; pero valga el ejemplo y valga también el honor de aparecer por vez primera con tal atuendo.